Investigación

ACEs en México: cómo impactan las experiencias adversas en la infancia en la salud

ACEs en México: cómo impactan las experiencias adversas en la infancia en la salud
¿Qué son las ACEs y cómo afectan en el desarrollo a largo plazo?

Las Experiencias Adversas en la Infancia son eventos traumáticos o estresantes que ocurren antes de los 18 años. Estas incluyen el maltrato físico o emocional, el abuso sexual, el descuido, la ausencia parental y la disfunción en el hogar (como ser testigo de violencia doméstica o vivir con cuidadores que abusan de sustancias). 

Cuando un niño enfrenta estas situaciones sin el soporte emocional adecuado, se activan de forma aguda y crónica sus sistemas de respuesta al peligro, desencadenando un estrés tóxico, que, al ser prolongado, altera la estructura y el desarrollo cerebral.

Desde el primer gran estudio internacional sobre ACEs, realizado en 1998, la evidencia ha demostrado que acumular cuatro o más experiencias adversas incrementa significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades y trastornos en la adultez. Entre las principales consecuencias se encuentran:

  • Mayor riesgo de depresión y ansiedad 
  • Incremento de la ideación suicida 
  • Predisposición a adicciones 
  • Obesidad, hipertensión y diabetes 
  • Problemas de aprendizaje y regulación emocional

El panorama de las ACEs México

Los resultados de la Primera Encuesta Nacional sobre Experiencias Adversas en la Infancia, publicados en The Lancet Regional Health, muestran que las experiencias adversas en la infancia alcanzan a una proporción muy alta de personas en México, y que muchas veces se presentan de forma acumulada.

  • 88.2% de las personas adultas encuestadas reportó haber vivido al menos una experiencia adversa durante su infancia. Es la proporción más alta registrada a nivel global en estudios de este tipo.
  • 22.6% reportó haber vivido cuatro o más experiencias adversas durante su infancia.

¿Cuáles fueron las adversidades más frecuentes?

  • Negligencia física: 60%

    Incumplimiento de necesidades básicas como alimentación, higiene, sueño o cuidados esenciales.

  • Negligencia emocional: 35.7%

    Ausencia de atención, estímulo y cariño.

  • Ausencia parental: 34.4%
  • Exposición a violencia intrafamiliar: 30%
  • Abuso sexual: 15%

En esa misma línea, un estudio biológico complementario a la primera Encuesta Nacional sobre ACEs en México permite ver cómo la adversidad temprana también se relaciona con cambios medibles en el sistema de respuesta al estrés. La investigación, desarrollada por investigadores de la Escuela de Ingeniería y Ciencias y de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey junto con el Centro de Primera Infancia, analizó biomarcadores neuroendocrinos en cabello de niñas y niños mexicanos de 3 a 5 años.

Los hallazgos, publicados en Psychoneuroendocrinology, muestran que las ACEs se asociaron con cambios en hormonas vinculadas al estrés, como cortisol, cortisona y DHEA. En particular, las niñas y los niños con dos experiencias adversas presentaron niveles más altos de cortisona que quienes no reportaron ACEs. Esto refuerza la importancia de identificar la adversidad desde edades tempranas y de crear entornos seguros, predecibles y afectivos desde los primeros años de vida.

En México, casi 9 de cada 10 personas atravesaron al menos una experiencia adversa durante su infancia. La evidencia científica demuestra que intervenir tempranamente puede revertir sus efectos y transformar el futuro de millones de niños y niñas.

Una ventana única para revertir el impacto de las ACEs

Los datos sobre experiencias adversas en la infancia son contundentes, pero la evidencia también muestra que sus efectos pueden mitigarse. Durante los primeros años de vida, el cerebro conserva una alta capacidad de adaptación: si niñas y niños dejan de estar expuestos a entornos adversos y cuentan con ambientes seguros, predecibles y afectivos, sus experiencias cotidianas pueden contribuir a reducir las respuestas asociadas al estrés y fortalecer capacidades como la regulación emocional, el aprendizaje y la resiliencia.

La encuesta también muestra el rol protector de las experiencias benevolentes en la infancia. Los hallazgos reportados en Child Abuse and Neglect indican que las personas que reportaron entre 9 y 10 experiencias benevolentes tuvieron menores probabilidades de diagnósticos de salud física y mental. Sin embargo, estas experiencias no se distribuyen de manera equitativa: quienes crecieron en zonas rurales reportaron menos experiencias benevolentes que quienes crecieron en zonas urbanas.

Este hallazgo refuerza la importancia de reducir la exposición a la adversidad y, al mismo tiempo, promover experiencias protectoras en los entornos donde crecen niñas y niños. Para traducir esta evidencia en acción, es necesario actuar más temprano y con medidas concretas, como incorporar tamizajes de ACEs en servicios de salud, formar a madres, padres y cuidadores en prácticas de cuidado cariñoso y sensible, y asegurar condiciones básicas de protección, como adultos disponibles, rutinas previsibles, espacios seguros para jugar y redes de apoyo para las familias.

Para conocer más sobre las metodologías y recomendaciones sugeridas para nuestra región, te invitamos a consultar el Informe Breve: Recomendaciones para América Latina, así como el reporte detallado sobre el contexto local en ACEs México: Experiencias adversas en la infancia mexicana, y este resumen dinámico de los hallazgos. De igual forma, puedes acceder a las ponencias y debates académicos en la memoria del Foro Internacional de Primera Infancia para descubrir cómo sumarte a este esfuerzo multisectorial.


  • Experiencias adversas en la infancia
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  • Tecnológico de Monterrey

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