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Experiencias adversas en la infancia
Los efectos de un huracán en la salud infantil no se limitan a los días del evento, se prolongan durante meses e incluso años.
El impacto de los ciclones también golpea las aulas desde etapas muy tempranas. Un estudio de la Universidad de Stanford, titulado “Missed School is an Overlooked Consequence of Tropical Cyclones, Warming Planet”, analizó datos de 13 países de ingresos bajos y medios, reveló cifras preocupantes sobre la educación preescolar (niños de 5 a 6 años):
Vivir un huracán reduce en un 2.5% la probabilidad de comenzar la escuela primaria
Los efectos más graves de los desastres naturales siempre recaen sobre quienes ya viven en contextos adversos. El riesgo se multiplica para los niños que enfrentan pobreza, viviendas precarias, la pérdida de un familiar o la falta de acceso a servicios esenciales.
El estudio de Stanford introduce el concepto de "punto crítico". Este término se refiere a las comunidades donde los huracanes no son comunes, pero cuando ocurren, resultan devastadoras porque sus sistemas e infraestructura no están preparados para proteger a la infancia.
En las políticas públicas de gestión de riesgos, los niños pequeños rara vez ocupan un lugar prioritario, pero proteger el desarrollo infantil en contextos de desastre es una necesidad urgente.
Cuando un bebé queda expuesto al frío, a la falta de agua potable o al trauma de una evacuación, el daño puede durar toda la vida. Cuando una niña pierde su primer año escolar, no solo pierde clases: pierde un espacio de contención, vínculos de apoyo y oportunidades para su futuro.
Planear solo para el momento de la crisis no es suficiente. Necesitamos políticas públicas que piensen en el "después" y aseguren la continuidad en el cuidado, la salud y la educación de las infancias.
Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey
Sala Mayor de Rectoría, Campus Monterrey
Centro de Primera Infancia, Monterrey, Nuevo León