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El juego y las pantallas: cómo reducir la brecha digital en la Primera Infancia

Hoy en día, el juego libre, simbólico y creativo está en declive. No es porque los niños no quieran jugar, sino porque las condiciones actuales no siempre lo permiten: falta tiempo con adultos disponibles, faltan espacios seguros en la comunidad y falta apoyo para quienes cuidan. En su lugar, los contenidos audiovisuales se han convertido en la opción por defecto. Esto está generando una brecha silenciosa entre los niños y niñas que tienen oportunidades de jugar y aquellos que pasan horas frente a pantallas sin acompañamiento.
El juego infantil: un derecho fundamental para el desarrollo

El juego infantil: un derecho fundamental para el desarrollo

Numerosos estudios científicos coinciden en que jugar no es un pasatiempo opcional; es el motor del desarrollo infantil.

Según el estudio de la American Academy of Pediatrics, “The Power of play: A Pediatric Role in Enhancing Development in Young Children”, el juego es fundamental para construir habilidades cognitivas, físicas, sociales y emocionales. El juego simbólico (como jugar a la tiendita, a los médicos o crear personajes) tiene un impacto duradero en la capacidad futura de los niños para pensar de forma creativa y resolver conflictos cotidianos.

Pantallas en la Primera Infancia: ¿aliadas o enemigas?

Un estudio realizado en 19 países latinoamericanos reveló un dato preocupante: en todos los niveles socioeconómicos, el tiempo que los niños pasan frente a las pantallas excede las recomendaciones de las asociaciones pediátricas.

La exposición temprana y excesiva puede afectar la salud y el aprendizaje, pero la relación con la tecnología es compleja. El impacto real depende de tres factores clave:

  • El contenido: Qué es lo que el niño está viendo en el dispositivo. 
  • El contexto: Si la pantalla se usa como un sustituto del cuidado o como una herramienta específica.
  • La conducta: La presencia activa de un adulto. Cuando un cuidador participa, orienta o comenta lo que el niño ve, la experiencia puede volverse positiva.

Sin embargo, el verdadero problema no es la pantalla en sí misma, sino lo que deja de ocurrir cuando el dispositivo ocupa todo el tiempo libre.

Cuando hay un exceso de pantallas, se pierden los silencios que despiertan la imaginación y la oportunidad de explorar, moverse, ensuciarse o, simplemente, aburrirse para inventar algo nuevo.

El tiempo que los niños pasan frente a las pantallas excede las recomendaciones de las asociaciones pediátricas

La escuela: un espacio crucial para fomentar un equilibrio entre el juego y las pantallas

El regreso a clases es el momento ideal para repensar el lugar que le damos al juego en la casa, en las escuelas y en el diseño de las políticas públicas.

Cuando las pantallas se convierten en la única alternativa de entretenimiento para un niño, no se trata de una simple elección familiar: es el reflejo de una desigualdad social más profunda.

Invertir en espacios públicos seguros, capacitar a los docentes en aprendizaje lúdico y acompañar a las familias en sus pautas de crianza es garantizar el desarrollo pleno de la infancia. Para hablar de calidad educativa, primero debemos garantizar el derecho al juego.


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